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martes, 4 de noviembre de 2014

Teoría de la Relatividad.


             A mis pacientes


En algunas historietas
desafía la resistencia
en otras,  
no muy lejanas, 
es como un papagayo 
de papel crepé
  
así de versátil
es esa peripecia
llamada vida.

viernes, 12 de septiembre de 2014

En el baúl de un joven escritor aficionado, me encontré...

Las estrellas

"La ignorancia es la noche de la mente, pero una luna sin luna ni estrellas."
                            Confucio.                                               
"La noche estrellada" por Vicent Van Gogh
   

La noche petrificada bajo un cobijo sublime de astros celestes, nada parecía oponerse al contacto del pulpejo de los dedos con el etéreo firmamento azabache. Desde la perspectiva dada al joven guerrero, parecía formarse un hipotético triángulo de luces: el vértice superior ofreciendo el típico ambiente de senectud y reposo de las luminosas estrellas y el inferior exhibiendo relativa pasividad y silencio proveniente de las bombillas eléctricas de la ciudad. La desviación prismática de la luz en ojos no acostumbrados, exponían cual pincel, en los ojos del guerrero, un cuadro de donde parecían emanar todas las variedades cromáticas de la luz. El entorno infinito temerario apenas y se comparaba con la infinita soledad presente en la cima de la colina; no por ausencia de seres vivos sino por la actitud indiferente de quienes ostentaban respirar de la atmósfera. El estético silencio era cortado de vez en vez por furiosas corrientes de viento que desplazaban partículas diminutas de polvo en aleatoria dirección, helando además los insignificantes cuerpos que osaban oponerse al movimiento libertino de su torrente.

El rígido y concentrado cuerpo del joven guerrero contrariaba el aleteo feroz de sus ropas, describía una perfecta posición  de seiza con los parpados entrejuntados y la respiración silenciada y minimizada a un ínfimo fuelle. De la nada una voz austera acalla el sonido de la naturaleza para decir:

_ ¿Has descubierto, joven guerrero, el significado de mi deliberada intención de traerte a meditar una noche como ésta a un lugar como éste?
_ Aún no lo sé, maestro. Preciso eso meditaba.
_ Hablemos de metáforas, joven amigo, ¿Qué son las estrellas que tienes en frente de ti?
_ No…, no lo sé. Ahora son para mí, poderosas luces atrayentes.
_ Las luces que guían el sendero de un guerrero atrayéndolo poderosamente son las luces del éxito.- Expone serenamente el anciano.
_ Entonces, ¿Quiere usted decirme, estimado maestro, que cada una de las estrellas que veo son éxitos que deseo conquistar?
_ Ni más, ni menos, retoño. Cada una de las estrellas representa cada uno de los éxitos que tu corazón desea apoderar, pero es precisamente en ese punto álgido en donde deseo que meditemos más profundamente…
_ ¿Qué quiere decirme, maestro?- Interrumpe ansiosamente el joven guerrero.
_ ¿No te parece, gran discípulo, que desde donde estas el éxito parece estar en tus manos?
_ No… no, no entiendo maestro.
_ Para tu ojo, nada parece interponerse entre la punta de tus dedos y la superficie de las estrellas, sin embargo sabes bien que a pesar de la apariencia están a kilómetros de distancia. No obstante, aquellas luces de abajo parecen estar a la misma distancia y sólo te separan de ellas unos pocos pasos, tan solo de bajar ésta colina. – Describe filosofalmente el maestro.
_ Eso es cierto, maestro.- Responde meditabundo el discípulo.
_ Solo así entenderías la proximidad que separa al hombre de la mediocridad, en contra de la abismal distancia que lo acerca al éxito. Para ti, es más fácil alcanzar las luces de la ciudad, pero es un objeto menos noble. En cambio alcanzar una estrella te hace contraer una constante lucha que a paso constante te acerca al éxito. La mayoría logra tocar las luces de la ciudad, solo unos pocos tocan las estrellas.
_ Claro maestro, ya entiendo, el éxito es la gloria del guerrero.- Contesta entre entusiasmado y sorprendido el alumno.
_ No tan rápido, joven guerrero. Debes recordar estos dos preceptos: El primero es que si caes en el intento de subir a buscar la estrella, reposarás inmediatamente sobre las luces de la ciudad; debes aprender a no conformarte, salir de allí y reiniciar tu búsqueda hasta que reencuentres la vía a tu estrella. Lo segundo, tan pronto alcances una estrella, busca otra más lejana aún, no te quedes solo con esa porque el éxito estancado supone la extinción de la gloria y lo transforma en un acto mediocre; por lo tanto, la búsqueda del éxito debe ser una práctica inmortal. Solo quienes mueren en la búsqueda inmortalizan el éxito, quienes se quedan o estancan, asesinan su honor y cuando parten del mundo lo hacen siendo mediocres.- Señala concluyendo el anciano.
_ Ya entiendo maestro, las luces de la mediocridad son tentadoras pero contra gloriosas; las del éxito son atrayentes, eternas y honorables. Responde en aire resuelto el joven.
_ Como siempre, demuestras un rápido aprendizaje y crecimiento, retoño. Señala satisfecho el anciano tutor.
_ Continuemos meditando, maestro, ayúdeme a acortar la distancia al éxito.

***

            El oscuro temple embebido por la iluminación tímida de los cuerpos celestes parecía ahora tragarse en lo profundo los cuerpos meditabundos de dos seres regodeantes: uno lleno de satisfacción y otro de entusiasmo.

lunes, 28 de abril de 2014

No hay soledades sin historias.

    Desde la lejanía infranqueable hay una invitación a tomar merlot, de esas que no provoca declinar como otras tantas en que ha resultado cotidiano.
   
    La oferta tentadora se desvanece como las palabras de áquel filósofo: "liebe is für alle da..." no hay soledades sin historias.
    
    Otro filósofo decía: "Partagez votre solitude avec la même solitude..." pero  esta ocasión se hace virar y queda anclado el placar.
   
    Y las letras siempre terminan ofreciendo su hombro que no quiebra ni erosiona, en el anclaje ruín en que Bécquer aclamaba la subsistencia de la poesía ante lo convulso y relente.

    "I'm with you." dicen...


Old Snake. Metal Gear Solid.

miércoles, 16 de abril de 2014

El día que gobiernen los poetas...

"Yo sigo siendo tan inocente que, me sigue alumbrando la bendita esperanza de que un día los poetas gobernarán el mundo."
                                         Facundo Cabral.

Orquídea, Flor Nacional de Venezuela.


    Andrés Eloy Blanco, el prolífico poeta(tristemente olvidado) de mi país (Venezuela) y genio de las letras en efecto nunca gobernó pero con su antología poética supo dibujar elegantemente el alma nacional con sus relieves altos y bajos, habría gloria para un político que pueda hacerlo tan soberbia y estéticamente.


    Aquí comparto un poema de mi amigo Andrés Eloy Blanco llamado Juan Bimba y que precisamente nos representa en sus divinas conjugaciones:

1930:
Juan Bimba
es el hombre del pueblo de Venezuela.
Se llama Pedro Ruiz,
Juan Alvarez,
Natividad Rojas,
pero se llama Juan Bimba.

Es buena persona;
puede matar pero no roba nunca.
Su malicia no es mala,
nace del mal que le han hecho
y por eso Juan Bimba lo dice todo a medias
les echa media mirada a las cosas,
se masca su tabaco y su verdad y traga.

Su bellaquería
le asoma a esa mirada que es todo él,
esa mirada candorosa,
con su punto de burla,
y su punto de susto,
y su punto de bobería
y su punto de desolación
y su punto de amenaza.

Su alegría está reglamentada
como el tráfico
y cuando se ríe de un todo
es con permiso del gobierno.

Tenía veinte caballos;
la Revolución le llevó diez;
para perseguirla,
el Gobierno se llevó los otros diez;
y cuando no tuvo nada
se lo llevaron a él.

Pelea por un hombre a quien no ha visto nunca;
tiene fiebre,
hambre,
cansancio,
y no sabe llorar.

Cuando llega a Comisario
se quita el nombre de Juan Bimba
y va tomando grados
hasta la honradez de General.

Va por las calles y los campos
en una tierra enferma de heroísmo,
viendo estatuas,
saludando con su media sonrisa
a los generales de bronce
a los coroneles de mármol.

Tiene una vaga idea
de Independencia y Federación;
ama a Páez, sin saber por qué
-acaso subconciencia de afinidad-;
ama a Bolívar
con vago temor de no reconocerlo;
ama al extranjero;
no es fanático, -tanto le llega
de Dios como de la Federación-;
tiene madera para pueblo grande,
sufre, en color de pueblo el cloasma del jefe.

Y en su honrada mano
la bandería es un vitíligo.

Sin embargo, no odia más que al Jefe Civil.
Le hemos dicho que él es dueño de esta tierra
y dice que no le hablen de política.
Se va acercando al libro y le acaricia el lomo,
como si temiera espantar un caballo.

Un día lo embridará; ese día
lo saludarán las estatuas.

2000: Juan Bimba y su primo Juan Shonfeld
van al campo.
Ríen alto; en el fondo de su risa
van a buscar los hombres la llave de las tierras.
Vienen del gran rodeo; bajo sus largas sogas
ha caído el rebaño de caballos de bronce.


    Nada más que decir.